Un poema de Neruda (en memoria de la noche del 22/9)

No me lo pidan
(de Canción de Gesta, 1960)

Piden algunos que este asunto humano

con nombres, apellidos y lamentos

no lo trate en las hojas de mis libros,

no le dé la escritura de mis versos:

dicen que aquí murió la poesía,

dicen algunos que no debo hacerlo:

la verdad es que siento no agradarles,

los saludo y les saco el sombrero

y los dejo viajando en el Parnaso

como ratas alegres en el queso.

Yo pertenezco a otra categoría

y sólo un hombre soy de carne y hueso,

por eso si apalean a mi hermano

que tengo a mano lo defiendo

y cada una de mis líneas lleva

un peligro de pólvora o de hierro,

que caerá sobre los inhumanos,

sobre los crueles, sobre los soberbios.

Pero el castigo de mi paz furiosa

no amenaza ni a los pobres ni a los buenos:

con mi lámpara busco a los que caen,

alivio sus heridas y las cierro:

y estos son los oficios del poeta,

del aliviador y del picapedrero:

debemos hacer algo en esta tierra

porque en este planeta nos parieron

y hay que arreglar las cosas de los hombres

porque no somos pájaros ni perros.

Y bien, si cuando ataco lo que odio

o cuando canto a todos los que quiero

la poesía quiere abandonar

las esperanzas de mi manifiesto

yo sigo con las tablas de mi ley

acumulando estrellas y armamentos

y en el duro deber americano

no me importa una rosa más o menos:

tengo un pacto de amor con la hermosura:

tengo un pacto de sangre con mi pueblo.